En los cursos con Dinámicas de Alto Impacto llevamos a las personas al límite de sus posibilidades, para que logren hacer cosas que en su cabeza son imposibles de realizar. Al fin y al cabo, si realizas cosas que a priori son imposibles, ¿qué no vas a hacer en el día a día?

En estos cursos y talleres, siempre buscamos un para qué de las cosas, y una vez que lo tenemos definido rompemos las creencias limitantes superando nuestros límites, y entre muchas más cosas; doblamos barras de acero con la parte más vulnerable de nuestro cuerpo, andamos sobre cristales o caminamos sobre brasas a más de 400º de temperatura, sin sufrir ningún tipo de daño.

Siempre comenzamos y acabamos los cursos enseñando una dinámica que es la de los abrazos, y enseñando a hacerlos de manera correcta. Mediante una conexión visual y una respiración conjunta y no los abrazos que solemos dar por salir del paso.

Pedimos a los participantes, y más si vienen de una misma empresa, que inicien su jornada laboral de esa manera, 5 minutos de música y de (buenos) abrazos colectivos. Mi sorpresa vino cuando en una gran mayoría de los informes posteriores de seguimiento, los participantes han cambiado de vida tras hacer cosas que parecen imposibles para el ser humano como es caminar sobre brasas, pero la transformación en el trabajo es increíble tras los cinco minutos de abrazos.

Es el momento en el que han conocido de verdad a las otras personas, donde se han permitido el lujo de mirar durante unos segundos al ojo de su compañero y respirar el mismo aire. Donde tras varias semanas, meses o años compartiendo espacio con otra persona la han conocido de verdad, y se empiezan a preocupar por ellos, por si tienen familia, o cómo es su entorno.

En definitiva, es cuando se empiezan a humanizar.

Estamos en una sociedad muy individualista y cada vez más deshumanizada en tareas primarias, donde vamos por la mañana mirando al suelo por no tener contacto visual con otras personas y donde se nos hace raro en las capitales, que nos den un “buenos días”. Ni contar que nos rocen la piel, más que el contacto obligado en hora punta en los transportes públicos.

Dicen que el ser humano necesita al menos cuatro abrazos al día para sobrevivir. Quizá sea la mejor Dinámica de Alto Impacto que tenemos en nuestra vida…

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